Aventura Tabo
Patas & Maletas
El compendio de viaje pet-friendly que Tabo lleva en el celular antes de cada aventura.

La Ciudad de México es una de las más perro-friendly del país. Tabo te lleva a sus mejores parques, hoteles y restaurantes para disfrutarla con tu compañero.
Tabo
Pekmex Is Life
La Ciudad de México es de los destinos más perro-friendly del país: tiene grandes parques como el Bosque de Chapultepec, el Parque México y los Viveros de Coyoacán, colonias muy caminables como la Condesa y la Roma, hoteles que aceptan perros y decenas de cafés y restaurantes con terraza donde tu compañero es bienvenido. Para disfrutarla bien, planea los paseos a las horas frescas, lleva agua siempre y confirma la política de mascotas de cada hotel o restaurante antes de llegar.
Hola, soy Tabo. La capital me sorprendió: nunca había visto tantos perros felices paseando un domingo por la mañana. Mi humano y yo la recorrimos a pata, y aquí te dejo nuestro mapa real de la ciudad: dónde correr, dónde dormir, dónde comer y cómo moverte sin que el caos te gane.
Aquí es donde la ciudad brilla. El Bosque de Chapultepec es enorme y tiene zonas amplias para caminar con calma; la primera sección, temprano, es una maravilla. En la Condesa, el Parque México y el Parque España son el corazón perruno del barrio: vas a ver decenas de perros socializando a cualquier hora. Y si bajas a Coyoacán, los Viveros son verdes, sombreados y perfectos para una caminata larga. El Parque Hundido y el Parque Lincoln, en Polanco, completan la lista de mis favoritos.
Un consejo de pata: revisa siempre si el parque permite andar sin correa y en qué horario, porque cambia de uno a otro. Y como aquí se camina muchísimo, no salgo nunca sin los básicos de bienestar que cargo en cada salida, que me salvan de un día de patas adoloridas.
"En esta ciudad, la sombra y el agua valen más que cualquier mapa: planea tus paseos a la hora fresca."
Si me preguntas dónde poner la base, te digo Condesa o Roma sin pensarlo. Son colonias caminables, llenas de árboles, parques y cafés, donde un perro se mueve como pez en el agua. Polanco y Coyoacán también funcionan muy bien según el plan que traigas.
En hoteles, cada vez más boutique y cadenas aceptan perros, pero la política varía un montón: peso máximo, cuota extra, si puede quedarse solo en la habitación. Confirma todo por escrito antes de pagar. Y si la capital es solo una parada de un viaje más grande, échale ojo a el resto del país, región por región para armar la ruta completa.
Comer fuera con tu perro en la CDMX es de lo más normal. En la Condesa y la Roma vas a encontrar terrazas donde sacan un tazón de agua sin que lo pidas, y cafés de especialidad donde tu compañero se echa a tu lado mientras desayunas. La regla no escrita: terraza o área al aire libre, perro tranquilo y correa puesta.
Antes de que ponga ojitos pidiendo un bocado de tu plato, conviene tener claro con Cheto qué alimentos no debe probar nunca — varios comunes en mesas de restaurante son peligrosos para nosotros, y más vale saberlo de antemano.
La mayoría llega volando, así que la planeación empieza en el aeropuerto. Si tu vuelo es largo o tu perro es grande, el avión pide preparación: transportadora del tamaño correcto, documentos y la política específica de la aerolínea. Revisa bien lo que pide volar con tu perro antes de comprar el boleto, porque eso define todo el plan. Si vienes de un estado cercano, el coche te da más libertad de paradas y control del ambiente.
La CDMX se camina muchísimo y el sol del mediodía pega fuerte; el pavimento llega a quemar patas. Por eso mi humano y yo aprendimos de Cheto algo clave: cuánta agua necesita un perro en un día de mucho movimiento no es un detalle menor cuando subes y bajas calles todo el día.
Para el transporte, ten en cuenta que el metro y varios servicios públicos tienen reglas restrictivas para mascotas, así que confirma antes y considera taxis o apps que acepten perros. Y para cualquier imprevisto en plena calle, yo siempre llevo encima el kit que cargo en cada viaje: pesa poco y resuelve mucho.
"Un buen día en la ciudad con tu perro no se mide en lugares visitados, sino en paradas tranquilas para descansar."
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Las reglas del metro y de varios servicios públicos son restrictivas y cambian con el tiempo, así que confírmalas antes de viajar. En la práctica, lo más cómodo suele ser caminar entre puntos cercanos o usar taxis y apps que acepten mascotas. Pregunta siempre la política vigente al momento de tu viaje.
Varía de un parque a otro y por horario, por lo que conviene revisar la regla local antes de soltar a tu perro. Algunos tienen zonas o franjas horarias para correr libre y otros piden correa todo el tiempo. Ante la duda, mantén la correa puesta hasta confirmarlo.
No siempre, pero conviene avisar. Muchos lugares reciben perros en terraza o área al aire libre sin problema; aun así, un mensaje previo te confirma que hay espacio y que el día de tu visita aplica la política.Llega con tu perro tranquilo y con correa.
Las horas frescas (temprano y al atardecer) son las mejores para caminar. De noche, quédate en zonas iluminadas y conocidas como la Condesa o la Roma, lleva al perro con correa corta y mantente atento al entorno, igual que harías en cualquier ciudad grande.
Agua y tazón plegable, bolsas para recoger, la correa, algo de sombra o pausa cada cierto tiempo, y el número de un veterinario cercano. Con eso cubres lo esencial para que un día largo de calle termine bien para los dos.
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